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lunes, 21 de enero de 2019

CRISIS ECONÓMICA 2008


A partir del año 2008 al igual que la zona Euro, la economía española ha sufrido una caída de sus índices macroeconómicos, dando paso a un período de recesión y crisis.

El origen de esta caída es una combinación de problemas estructurales propios de la economía española y la fuerte influencia externa de la crisis financiera mundial. En la parte doméstica destacan principalmente el exagerado peso del sector de la construcción en el PIB, el fuerte endeudamiento acumulado por familias y empresas, la baja productividad y competitividad española debido al relativo bajo uso de tecnología punta en comparación con otros países avanzados.

Esta etapa estuvo marcada por la fuerte contención de crédito bancario provocada por la crisis en EEUU, las subidas del tipo de interés y el alza en los precios del petróleo y materias primas, que en España acaban por convertir una ralentización del sector de la construcción en una grave crisis por la rapidez con la se producen estos cambios.

En España el sector financiero resistió inicialmente bien a la situación del mercado gracias a la excelente regulación del sector financiero español, (más regulado que en otros países y que ha permitido que los efectos de la crisis sean menores).

Con especial dureza la crisis en España se ha manifestado, en un fuerte aumento del desempleo, con una tasa de paro del 20,05% en el primer trimestre de 2010. Dañado el motor de la economía antes de la crisis, el sector de la construcción, y una fuerte acumulación de deuda, se hace patente la debilidad estructural del modelo económico español de los últimos años.


EXCESIVO ENDEUDAMIENTO
Uno de los problemas a los que ha tenido que enfrentarse España para remontar la grave crisis que atraviesa desde 2008, es el fuerte endeudamiento privado que sufren tanto familias como empresas. La razón entre el crédito al sector privado y el PIB casi se triplicó en poco más de diez años, habiendo pasado desde el 65% que representaba en 1995 hasta alcanzar el 170% en 2010.



MEDIDAS CONTRA LA CRISIS ECONÓMICA
Dada la envergadura histórica de esta crisis económica y su naturaleza global se han utilizado un amplio catálogo de medidas para combatirla. Durante los primero momentos de la crisis el gobierno practicó una política fiscal de estímulo de la demanda que consiste en la aprobación del Plan Español para el Estímulo de la Economía y el Empleo que englobaba todas las medidas económicas, financieras y fiscales que el Ejecutivo aplicaría para intentar recuperar la senda de crecimiento. El Plan se basaba en cuatro grandes ejes de actuación: medidas de apoyo a familias y empresas, medidas de fomento del empleo, medidas de apoyo al sistema financiero y medidas de modernización de la economía. El gobierno anunciaba recortes fiscales y nuevos gastos por valor de 21.000 millones de €, un 2% del Producto Interior Bruto, en 2008 y 31.280 millones de €, un 3% del PIB, en 2009.

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CAMBIO CLIMÁTICO


En estos tiempos que vivimos, es evidente que el cambio climático se ha convertido ya en un problema de gran dimensión para la sociedad y que ha cobrado igual importancia en la mente de la mayoría de ella. De hecho, es un problema que sabemos ya desde hace algunas décadas que existe y que tiene repercusiones que pueden llegar a ser inmensurables e irreversibles si no se para a tiempo. Sin embargo, hasta ahora no nos hemos preocupado por solucionarlo. Es más, aún existen personas que niegan que se esté produciendo un cambio climático, o, al menos, que esté provocado en su mayor medida por la mano del hombre.

Por otro lado, en la actualidad, el mundo podemos decir que está marcado por el dinero. El dinero mueve el mundo, o eso dicen algunos. Pero realmente, el dinero en sí no es algo importante, porque el dinero no es más que un trozo de papel o un metal moldeado. Es el valor intrínseco que tiene el dinero lo que lo hace tan poderoso. Actualmente, el mundo está dominado por el sistema económico capitalista, que, no sólo se conforma con ser un sistema económico, sino que además ha conseguido poner un yugo a la forma de vivir de la sociedad, condicionándola hasta límites insospechados.

Si fuese presidente del gobierno en mi país y se me ofreciera la fórmula para provocar el crecimiento económico de éste, la tendría en cuenta para llevarlo a la práctica. Pero, eso sí, antes de ponerla en práctica haría una valoración minuciosa de las consecuencias que los métodos usados para lograr el crecimiento económico supondrían. Por tanto, diría SÍ al crecimiento económico de mi país, pero siempre con una cosa en mente: ¿A costa de qué?.

Esa pregunta, probablemente, sería respondida inevitablemente con respuestas como “a costa de contribuir a una aceleración del cambio climático”, sin entrar a cuestionar otras respuestas que surgirían como “a costa de aumentar el escalón social” (véase el caso de EEUU, siendo uno de los países más potentes económicamente y uno de los que mayores tasas de crecimiento experimenta cada año, es un país con un gran escalón social, dónde, incluso a veces, se vulnera derechos tan básicos como la atención sanitaria a la población).

Si nos centramos en el aspecto de la preferencia o no de crecer económicamente por encima de contribuir a frenar el cambio climático, es evidente que rechazaría la aplicación de la fórmula que se nos daba antes para lograr este crecimiento económico. No es casualidad que potencias mundiales como EEUU y China, países cuyo crecimiento económico es muy elevado, sean también los que más contribuyan al IEI (Incremento del Efecto Invernadero), y por consiguiente, al cambio climático.
De igual forma, si se me ofreciera la fórmula para el beneficio del medio ambiente, la revisaría y la intentaría llevar a la práctica. Pero, como ya hemos observado con el caso de EEUU y China, hoy día, embebidos de la forma en la que estamos en el capitalismo salvaje, es inviable buscar el crecimiento económico de un país y pretender ser éticamente correctos con el medio ambiente.


En conclusión, y una vez visto el vídeo que se aporta en el documento, tengo que decir que mi opinión con respecto al tema no ha variado mucho. Creo que ningún presidente puede elegir actualmente la fórmula para el beneficio del medio ambiente y pretender a la vez el crecimiento económico de su país. Por tanto, el cambio que debe de producirse para que los presidentes que pueden disponer de la fórmula beneficiosa para el medioambiente la usen (la fórmula) es un cambio que debe consensuarse entre la mayoría de los países del planeta (especialmente aquellos cuya contribución al cambio climático es mayor) y que implique una auténtica revolución en la industria, donde las energías limpias y renovables tengan el protagonismo.

Pero claro, como hemos visto, los países que más contribuyen de forma negativa al cambio climático son los mismos que mayor crecimiento económico tienen. Por tanto, es casi imposible convencerles de que sean un poco menos ricos a cambio de salvar nuestro planeta.
Y esto, ¿por qué es así? Pues podría concluirse esta pregunta y ,por tanto,  la cuestión de la propia redacción, de la misma forma en la que se ha comenzado: con el sistema capitalista. El sistema capitalista es una especie de “droga”, de la que siempre se necesita consumir en cantidades cada vez mayores. Y, claro, un sistema económico y social donde el capital (su propio nombre lo indica) prima sobre todo lo demás, no puede ser un sistema que se preocupe en ningún momento por el bienestar general de la sociedad, y por tanto, solo los poderosos (ya sean países, empresas o personas) se ven beneficiados por su continuidad.
Como diría un antiguo dicho: “Para que existan ricos, tiene que haber pobres”. Pues precisamente, yo diría: “Para que exista un crecimiento económico, tiene que haber daño al medioambiente”. Al menos, esto es verídico en la actualidad, y parece irremediable a menos que los máximos dirigentes políticos y autoridades que tienen el poder para cambiar esto lleguen a un acuerdo para anteponer el bien del planeta y del medio ambiente (y por tanto, de toda la raza humana) al bien de unos pocos poderosos.

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